La Lucha Libre: hija del teatro, patrimonio de la cultura moderna

martes, 29 de octubre de 2019, 16:56

Por Cazuela de la Obra

Desde sus orígenes en la antigua Grecia, el teatro es una de las disciplinas más antiguas que posee el ser humano, y probablemente acompañará a su creador hasta el fin de los tiempos. Si bien en determinados momentos de la historia parece entrar en decadencia hasta desfallecer, en seguida resucita de alguna forma sorprendente para encantar a una nueva audiencia. ¿Qué razón puede haber para este comportamiento propio de un ave fénix, resurgida de sus mismas cenizas?

Se podrían dar múltiples respuestas, pero hay tres respuestas esenciales, tres cualidades universales que no cambiarán así transcurran milenios de historia humana. Para empezar, la representación es una característica inherente de la humanidad. Al comunicar, empleamos sonidos y gestos que están en lugar del objeto real; la esencia del lenguaje humano es la representación. El aprendizaje humano se realiza a través de la imitación, la cual es una forma de representar. En segundo lugar, la empatía y la identificación son cualidades emocionales que han permitido que el hombre pueda resolver sus problemas acompañado, y acompañar a otros con sus problemas; son un remedio efectivo contra la desesperación y la soledad. Y en tercer lugar, porque el conflicto entre fuerzas antagónicas es una constante dentro de la historia humana; en todas las épocas, la voluntad de unos ha encontrado como barrera la voluntad de otros. ¿Cómo no va a resistir el embate del tiempo una disciplina que representa el conflicto, y permite empatizar e identificarse con los involucrados en él?

Luego de un pequeño letargo a fines del siglo XIX, el teatro resurgió de una manera extraordinaria en el siglo XX. Nuevos estilos, nuevos autores, nuevas formas de representación caracterizaron al teatro de esta época, que adoptó toda clase de formas… en particular una que nunca antes se había visto en la historia. El teatro se unió a otra vieja compañera del ser humano, la lucha, para dar origen a una disciplina única en su clase: la Lucha Libre profesional. Grecia fue la encargada de fundar el teatro y la lucha cuerpo a cuerpo, y estos compatriotas se casaron en Inglaterra. Y el ministro que los casó fue un empresario inglés llamado J.G. Chambers, quien concibió la idea de montar un carnaval ambulante, e ir de pueblo en pueblo ofreciendo peleas frente a diferentes audiencias. Este arte marcial viajero, llamado Catch as catch can, progresivamente fue asimilando nuevos elementos dramáticos y de combate. Los luchadores, que en un comienzo solo peleaban con mallas negras y botas negras, fueron incorporando trajes coloridos y extravagantes, personalidades distintivas y nombres que la gente podía reconocer en varias localidades. A la vieja usanza de combatir en el suelo con derribadas y candados, se le fueron incorporando golpes, patadas, saltos, tacleadas, piruetas, acrobacias, agilidad, y hasta sillas; las distintas artes escénicas y marciales alrededor del mundo contribuyeron a crear una nueva forma teatral, que en la actualidad se ha convertido en la pasión de miles.

Chile, al igual que el resto de Latinoamérica, quiso adoptar esta novedosa arte deportivateatral. A principios de siglo, el Catch as catch can, de alguna misteriosa forma, fue exportado a los muelles de Valparaíso. Posteriormente, los elementos teatrales fueron moldeando al deporte en una nueva forma de espectáculo; bajo el alero de promotores como Enrique Venturino Soto, dueño del Circo de las Águilas Humanas, comenzó a presentarse en lugares emblemáticos como el Teatro Caupolicán. En los años ’60, de ser un espectáculo local, poco a poco se empieza a internacionalizar: luchadores de Latinoamérica y del resto del mundo asisten a participar de torneos internacionales con sede en nuestro país. Poco a poco, la Lucha Libre, conocida en este tiempo bajo la chilenización “cachacascán”, comenzó a ganar más y más adeptos. Esto condujo a que, a principios de los ’70, este deporte espectáculo llegara a la televisión en un formato inolvidable por nuestros compatriotas de aquel entonces: Los Titanes del Ring. Ver los enfrentamientos de íconos como La Momia, Mr. Chile, Tarzán Chileno, Tino Benvenutti, Robin, Ciclón del Caribe y otros personajes fornidos y extravagantes, se convirtió en el panorama ineludible de la juventud de aquella época. Los Titanes del Ring tuvieron varias ediciones y reediciones en su formato, hasta que desaparecieron a fines de los ’80. Parecía el fin de la Lucha Libre en Chile… pero como suele ocurrir con el teatro, iba a resucitar nuevamente.

La televisión se encargó de traer a Chile por primera vez la Lucha Libre norteamericana a fines de los ‘90. Las dos empresas más grandes del rubro en ese entonces, la World Wrestling Federation (WWF) y la World Championship Wrestling (WCW), se hallaban en disputa por el monopolio de la televisión; ambas compañías se vieron motivadas a crear personajes e historias excepcionales que pudieran cautivar a los televidentes. Los jóvenes chilenos de ese entonces crecieron viendo las eternas disputas entre el rebelde “Stone Cold” Steve Austin contra el abusivo jefe de la compañía, Vince McMahon, y la intensa rivalidad entre el favorito del pueblo, La Roca, y el antipático pero astuto Triple H. Los niños chilenos soñaban y querían ser como ellos… ¡un sueño que alguien iba a poner en práctica! Entre los años 2000-2010, poco a poco fueron surgiendo a nivel nacional pequeñas promociones de Lucha Libre, deseosas de ver renacer el deporte-espectáculo en nuestro país. Algunos optaron por buscar a viejos Titanes del Ring y aprender la técnica de ellos; otros, más audaces, viajaron a México a asimilar sus movimientos; otros fueron autodidactas. Sea cual fuese la manera de instruir a sus luchadores, estas promociones fueron creciendo, y fueron al mismo tiempo semilla para que nuevas agrupaciones surgieran; el auge de Internet contribuyó a su expansión en la Región Metropolitana y en Regiones. En el año 2019, la Lucha Libre se encuentra expandida de norte a sur. Ya ha habido varios intentos de llevarla a la televisión. Ha traído estrellas desde Estados Unidos, México y Japón, y varios compatriotas han incursionado en esos países. Cada día, más jóvenes se aprestan a practicarla, y el número de seguidores crece.

No obstante; si se trata de un combate de ficción, predeterminado, realidad de la cual muchos de sus espectadores están al tanto, ¿por qué atrae tantos seguidores? ¿Cómo es posible que una disciplina que
muchas veces ha sido llamada “falsa”, despierte tanta pasión a pesar de las críticas? Es sencillo: porque lo que la gente asiste a ver no es una tarde de pelea, sino el conflicto entre dos fuerzas antagónicas. Llámense el bien y el mal, el orden y el desorden, el triunfo y la derrota, en la Lucha Libre siempre está representada la dualidad humana, en su faceta del eterno combate entre distintas voluntades. No importa si se trata de un personaje arquetípico, estereotipado o de psicología profunda: siempre ellos representan alguna dimensión de la moralidad humana: la perseverancia, la victoria, la derrota, la arrogancia, la astucia, el orgullo, el respeto, la codicia, y otras innumerables virtudes, valores y vicios. Cuando el público observa a los luchadores sobre el ring, ellos tienen algo con lo que la gente se puede identificar: la forma de vestir, su motivación al luchar, o el problema personal que posee con algún contrincante. Cuando ve al honesto pero ingenuo héroe, caer en las sucias
artimañas del villano, se identifica con él, y lo alienta a luchar para salir de esa encrucijada; otros quizás pueden pensar que el villano quizás no está tan equivocado, y empatizan con su motivación. Y si esto no es suficiente, todavía quedan los movimientos vistosos, las piruetas, la adrenalina, los trajes coloridos, las luces, y otros componentes que de una u otra manera van a cautivar el ojo del espectador.

¿Se podría decir entonces, que la Lucha Libre es parte del patrimonio cultural? Sí; y no solo en Chile, sino en el resto del mundo. Constantemente, el ser humano está en busca de respuestas; respuestas que apuntan no sólo a conocer mejor el mundo, sino a comprender el sentido de su propia existencia; la cultura es el medio mediante el cual el hombre busca contestar interrogantes tales como: ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, y ¿A dónde voy? El teatro es una pieza fundamental de la cultura, por cuanto ayuda al ser humano a reflexionar acerca de su propio actuar en la vida. La Lucha Libre, hija del teatro, constituye también una reflexión sobre el ser humano. Es ese ser representado entre las cuerdas, entre la vida y la muerte, entre el conflicto y la paz, entre la victoria y la derrota, entre la honestidad y el deshonor. Cuando el chileno ve a personajes de su idiosincrasia enfrentarse sobre el ring, se identifica con unos, y repudia a otros; mas todo esto lo hace según lo que entiende por lo que es bueno y verdadero. No se trata de una violencia sin sentido o de un combate por un trofeo, sino la representación de dos voluntades enfrentadas que deben saber actuar. Todo luchador tiene una motivación en la vida según lo que él entiende de sí mismo; ¿quizás el espectador comparte una misma motivación?